El verdadero significado de la libertad del comercio

Hace algunos días el gobierno de Evo Morales descartaba la negociación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, mas proponía el Tratado de Comercio de los Pueblos (TCP) para proteger a los sectores vulnerables. En mi opinión, el TCP debe ser previamente estratégicamente diseñado, argumentado (por ejemplo con qué países se piensa hacer negocios) y expuesto sin mucho desparpajo para evitar posteriores errores olímpicos a nombre del país. Ahora, dentro de la categoría de sectores vulnerables, creo, entramos todos; aunque por cuestiones de prioridad deseo enfatizar esta temática en dos puntos específicos: la soya y la agricultura.
En cuanto a la situación de la soya, entiendo o más bien deberíamos entender todos que es un tema bastante delicado cuyo análisis precisa mucha seriedad y objetividad, sencillamente porque la soya ocupa el segundo puesto en nuestra tabla de exportaciones (aproximadamente el 25 por ciento), por detrás del gas natural y por delante de los minerales. Además, tales exportaciones generan un ingreso aproximado de 170 millones de dólares anuales; por otro lado, buena cantidad del grano se reparte entre tres de nuestros cuatro socios de la Comunidad Andina (CAN) (Venezuela 45%, Colombia 34% y Perú 11%) lo que equivale a entender el problema actual que ha generado la firma del Acuerdo del TLC entre Colombia y EEUU: pérdida de nuestros mercados, primordialmente de la soya, y el desmoronamiento paulatino de la CAN al afectar convenios entre los socios.
Después de todo, siendo simples observadores en nuestro mediato asunto, no tenemos, que se diga, un generoso abanico de opciones para cambiar ciertos puntos en negociaciones pactadas por nuestros socios; se dice que se busca, aparentemente, un buen tratado en beneficio nuestro; especialmente referido a la desgravación de aranceles y subsidios que de por sí, sin una buena negociación, marcarán la diferencia en el momento de competir de igual a igual en un virtual "equitativo" mercado de libre comercio.
En cuanto a la situación de la agricultura, creo entender que Morales pensó muy bien al manifestar que el acuerdo (TLC) irá en contra de los campesinos y los pequeños microempresarios del país. ¿En qué medida? Sin entrar en minuciosos detalles acerca de nuestro mercado interno y su desenvolvimiento, es necesario entender que aún no estamos preparados para "muestras" de maíz transgénico o tomates híbridos patentados por transnacionales que, a diferencia de la producción nacional, que difícilmente cuenta con subsidios a la producción y exportación, enfrentaría cuantiosas pérdidas económico-productivas. Para ilustrar mejor la figura, Colombia, a pesar del optimismo de Uribe, ya vio la necesidad de destinar 222,4 millones de dólares en apoyo a los futuros "sectores afectados", además se piensa seriamente en presentar una ley para el sector agropecuario, con la aprobación de créditos en condiciones favorables, entre otros. Empero los sectores agrícolas se han declarado perdedores con los resultados de la negociaciones; increíblemente, se debería subrayar, en calidad de negociadores y no de observadores.
Por otro lado, existe, diríamos, una actitud ambivalente compartida por el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) que a la par de celebrar la firma del TLC (entre Colombia y EEUU) manifestaban su preocupación y advertían que en el corto plazo algunos sectores podrían verse perjudicados o incluso aumentarían las desigualdades en el desarrollo de los mercados.
En fin, parece ser que así se proyectaría el verdadero significado del TLC, aunque muchos de nosotros no lo sepamos o no lo querramos saber. Quizá logremos darnos cuenta de nuestra situación y participación en este asunto en el momento de probar un tomate que no sepa a tomate, aunque tenga la forma y el color, o como dirían los amigos de acción ecológica del Ecuador: maíz transgénico argentino con patente estadounidense o consumir pasta de tomates y mayonesa italiana ensamblada en Haití y etiquetada en Canadá. ¡Buen provecho!